Seguro que os suena este jugador: bajo, anotador, rápido, competitivo. Tuvo su momento cuando consiguió jugar las finales con Philladelphia 76ers contra los Lakers de O´Neal y Bryant. Aquel equipo jugaba para él y moría para él. Daba igual que se jugara 20-30 tiros por partido, que mientras ganaran seguirían utilizando esa fórmula.
Pero claro, esa fórmula no les dio para ganar el anillo, y los años siguientes el equipo fue empeorando. Acabó marchándose, buscando nuevas fortunas, dispuesto a compartir protagonismo en Denver. Pero tampoco cuajó y fue traspasado a Detroit, donde el declive continuaba.
Tras un verano de telenovela acerca de si se retiraba o no, fichó por los Memphis Grizzlies, donde podría recuperar algo de protagonismo perdido. Pero se ha visto saliendo desde el banquillo, suplente, y con minutos restringidos. Y no le ha gustado. El orgullo negro de superestrella le impide ser suplente, dice. Menuda chorrada. Lo que creo es que lo que realmente le jode es verse en un equipo perdedor, sin aspiraciones a nada. Porque probablemente rescinda su contrato y acabe firmando por un equipo de playoff, donde tendrá el mismo papel secundario que venía teniendo hasta el momento.
Se te ha pasado el arroz, te han salido canas, se ha marchado el tren… pero hay que saberlo llevar. Y no escudarse en problemas de suplencia. Dime de qué presumes…