C/ Santiago Cuadrado 28
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922 283 009
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A lo largo de toda la isla, pensaba que sólo existía un restaurante griego, el Dafne, situado cerca de la plaza Weyler, pero Airam me comentó para ir a cenar a este griego situado cerca de los multicines Price, en el barrio de Salamanca de la capital.
El local es de unos 80 metros cuadrados, pero muy aprovechados. ¿Decorando? Mesas de madera típicas, unos sifones adornando y dando nombre al restaurante, y unas cuantas fotos de cuando el chef estuvo con Subijana, Arzak y demás superchefs.
El local lo llevan dos personas, por lo que les es difícil atender como debieran a todas las mesas. Una pena. De todos modos, a nosotros no nos afectó porque para cuando nos sentamos a cenar ya prácticamente llevá bamos una botella de vino encima. Así se hacía más llevadera la espera, sin duda.
Intentamos pedir un poquito de todo, para picar. Lo primero que nos sacaron fueron unas chuletitas de cordero con una mermelada de manzana. La verdad es que ni fu ni fa, pero fue lo menos bueno de la noche.
Luego (media hora más tarde) nos trajeron unos huevos rotos a la griega (?¿?¿?¿?). Básicamente el plato se compone de huevo, queso fetta cortado en cuadraditos, y salsa de tomate. La diferencia es que la salsa estaba buena y subía varios puntos la calificación del plato.
Tardaron poco en traernos el siguiente: un crujiente al horno de bacon con algo más (pendiente de editar) y salsa barbacoa. No muy griego, pero joder qué bueno.
Claramente un must para cualquier comensal que acuda.
Las magdalenas de cabrales. Cuando esperábamos el típico sabor fuerte del queso, la verdad es que nos sorprendieron con la sutileza de su sabor. Cabrales y sutileza en el mismo plato. Rompiendo antagonismos. Magnífico.
Yo para estas alturas ya esta
ba lleno, pero mi compañero de fatigas tenía apetito de grelión, así que pedimos un último plato: unas albóndigas de cuatro quesos aderezadas con humus. Contundente, pero con un sabor un tanto vulgar. El humus sí que me convenció.
Los postres: aladín me comentó que pidiera baklaba de chocolate con helado de vainilla y un enrollado de masa indefinida también con helado de vainilla y pasas. Estaban buenos pero no enamoraban. Psssse…
Lo mejor: las magdalenas y el crujiente al horno. Platos de obligado probamiento. Para ser dos personas en todo el local no se lo montaron mal.
Lo peor: probablemente las chuletas no fueron nada destacables. Ah, y el camarero tenía la mala costumbre de ante cualquier plato que pedíamos decir “se lo recomiendo”… así no das ninguna confianza al consumidor.
Precio: pues pagamos 40 euracos cada uno. Pero la verdad es que nos pusimos de vino y de comer hasta los topes.
