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Calle de Patricio Estévanez 4, Santa Cruz de Tenerife
Aquí de vuelta, en Tenerife, quedé con un amigo para ir a cenar. Había pasado por delante de esta tasca en alguna ocasión: una tasca andaluza, con mesas pequeñas, de decoración pintoresca (igual es típico andaluz), y con la pared principal escrita en rotulador negro por distintas personas que habían pasado por ahí: al estilo del Tocuyo, pero sin tanto aroma a añejo.
Tanto mi amigo como yo no somos nada amantes de la cultura andaluza en general. Pero de todo hay que probar. La carta no era excesivamente grande, pero lo compensan teniendo bastantes platos fuera de carta. Cosa que no termino de entender, porque los platos fuera de carta estaban también impresos como si de un anexo a la carta principal se tratara. Vamos, lo habitual suele ser que el camarero de turno te los nombre y punto, porque no son habituales en el restaurante. Pero si son tan habituales como para hacer una carta aparte, ¿por qué no están en la carta principal? Misa no entender. No tenían tampoco carta de vinos. Otro punto en su contra.
El local es bastante grande, al menos más de lo que parece por fuera: unos 80 metros cuadra
dos dedicables para mesas, y al fondo un tablao para actuaciones. También al fondo tenían ese tipo de foco con filtros de distintos colores que van cambiando. Todo muy ozú.
A posteriori de haberlas pedido, nos comentaron que ya no les quedaban las tortitas de camarones. Una lástima, pero vayamos a lo que cenamos.
Probamos el salmorejo cordobés: un gazpacho, pero más denso (probablemente engordado con pan rallado, pero todavía no confirmado), con huevo picado y trocitos de jamón. A mí me gustó mucho, es un plato contundente y de buen sabor. El jamón que añaden es de estupendo sabor. Ñam
Luego nos vino la macroensalada de salmón. También tenía otro pescado, ¿palometa tal vez?, trozos de sandía, pimiento rojo, tomate y lechuga. Vinagre de módena. Una pena que el tomate no fuera muy allá, pero lo de la sandía y el sabor del salmón casaban bien.
Luego unos pimientos rojos al horno con ajitos, que nos dejaron un poco indiferentes, pese a que nuestro cachas-camarero se empeñó en que los tomáramos.
Y los huevos estrellados, que venían sin estrellar, me gustaron. No deja de ser un plato donde es difícil innovar, pero al menos el jamón era muy bueno.
De los postres no hay mucho que decir. Pocos para elegir, algunos de Doña Laura, el quesillo que se tomó Airam debía estar bueno, poco más que añadir.
En cuanto al tema musical, pues todo un show: toda la noche estuvo un tipo tocando la guitarra en la barra, y se iban sucediendo canciones y más canciones. Incluso la camarera de animaba a cantar. Nos comentaron también que a partir de ahora quieren ir montando espectáculos los viernes: bailaores, cantaores…toda esa historia.
Lo mejor: para el que disfrute del cante y de la cultura andaluza en general creo que se lo puede pasar muy bien. La comida tampoco es que sea la caña, pero está bien.
Lo peor: con tanto cachondeo, cante y demás que se respira en la tasca, a veces los camareros se despistan, y hay que estar detrás de ellos para que te hagan caso.
El precio: 35€ por cabeza, bebiendo vino, tomando postre, puede parecer caro. Pero es que claro, dentro de ese precio nos tomamos dos copazas cada uno, más otra que nos invitaron, pues está bien.